Me levanto temprano para cubrir mi turno en el hospital, no hay algo más confortable y dichoso que hacer lo que amamos.
A pesar que me gusta dormir el hecho de madrugar por mi trabajo no me pesa, al contrario me levanto como resorte sólo por hacer lo que amo.
Ayer fue un día diferente, hacia tanto que no compartía como lo hicimos ayer.
Bajo luego de arreglarme y me dirijo a la cocina y encuentro dos pares de ojos.
—¡Buenos días! —me acerco a la nevera para sacar la leche—¡madrugaron!
—¡Si!, t