Camila
Era de imaginarse, esos patanes están cortados con la misma tijera. Su pasatiempo de seguro es visitar a esas bandidas en la calle, que sinvergüenza.
—Señorita, aquí está su ropa. Si desea puedo acomodarla de inmediato, mientras usted baja a almorzar. El señor Franco está aquí.
—Muchas gracias, Lola.
—Oh, también dejaré en su closet un vestido que trajo para usted.
Salí de la habitación y bajé las escaleras, tenía afán por verlo y decirle lo de mis padres.
—Señor Franco, estaba esperándo