Camila
Me mantuve sola en mi noche de bodas, estuve como una prisionera aun usando ese pesado vestido que ya me causaba piquiña.
—Señorita, ¿segura que no quiere comer? Mire que está por anochecer.
No quise resistirme más, ya fue suficiente. Desde que estoy encerrada escuché muchas cosas, a los padres de Franco, a sus empleados, todo tipo de movimiento. Me negué a abrir la puerta, pero no pude hacerme más la digna, el hambre no me dejaba.
—Si, ya le abro la puerta.
Levanté mi vestido y los sost