Chantal.
Justo cuando pensó refutarle las puertas del elevador se abrieron. Salió disparada de la jaula de metal como alma que lleva el diablo. Había sentido las palabras de aquel chico como si de un veneno lento mortal se tratasen, de esos que iba directo al cerebro y se instalaba en este para esparcir las toxinas por todo el cuerpo provocando una muerte inevitable. Ese Sam, que había a sus espaldas, no era el que ella suponía conocer.
—Buenas tardes —la chocante voz de Debby hizo que detuvier