Dixon
El agua tibia le recorría todo el cuerpo, se le escurría resbaladiza llevándose consigo todo el aroma semidulce de Chantal, pero nada más. La tenía impregnada, pegada en su mente, debajo de la piel. Y lo peor era que no quería sacarla. Le estaba martillando las sienes tortuosamente, le preocupaba demasiado y sentía que no podía hacer nada al respecto. Aunque quisiera deshacerse de todo, ya era demasiado tarde.
Las cosas con la rizada habían ido en espiral: en ascendencia con giros inespe