Dixon.
—No me digas que viniste a buscarme o algo así —le dio una gran sonrisa—. ¿Es que me extrañabas, hermano? —colocó las manos sobre su pecho haciendo un puchero.
—No seas tonto, Derek —rodó los ojos—. Vine a hablar con Chantal—aquellos dos lo miraron sorprendidos, dispuestos a dedicarle todas las reprimendas que tenían en la punta de la lengua...
Ese par de ojos negros que tanto le gustaban, lo miraban con recelo. Chantal no había emitido palabra alguna, solo estaba de pie delante de él, c