Capítulo 26. La llamada de desesperación.
El agente pareció notar su confusión y añadió con voz más suave.
—Si no tiene un abogado, podemos asignarle uno de oficio.
Amelia asintió lentamente, su mente, trabajando a toda velocidad. Necesitaba tiempo para pensar, para planear su próximo movimiento. Cada segundo que pasaba era un segundo más lejos de Anaís.
—Gracias —murmuró, siguiendo al agente hacia un teléfono en la pared.
Mientras esperaba que le asignaran un abogado, Amelia repasó mentalmente los eventos que la habían llevado a este