Bastian efectivamente se desmayó.
Los sentimientos feroces que había sentido antes, durante y después de la sentencia de Kerim fueron demasiado para él, además que el calor terrible no había ayudado. Probablemente había quedado como un payaso enfrente de cientos de personas, pero Bastian no era precisamente el tipo de persona que le importa lo que otros piensen de él.
Cuando empezaba a tomar conciencia, pensó por algunos segundos que estaba soñando.
—Oye tarado —escucho la voz de Natsuki—. Eres