52. Mi padrastro me dio una nalgada
Me temblaban los dedos al agarrar el dobladillo.
Lo subí lentamente, frunciendo la tela a la altura de la cintura.
Expuesta: mi coño desnudo brillaba a la luz de la lámpara, mis labios hinchados, mi clítoris asomando.
Me miró fijamente, con detenimiento, y asintió una vez.
“Buena chica. Date la vuelta.”
Me giré, de espaldas a él, ofreciéndole el culo.
Se puso de pie, arrastrando la silla, y rodeó el escritorio.
Su mano se posó en mi espalda baja, cálida y firme, y luego se deslizó hasta acarici