46. Me estás follando duro
Otro golpe, esta vez en la mejilla derecha.
Más fuerte.
El escozor se clavó en mi piel, caliente, ardiente, tensándola y enrojeciéndola.
Gemí, en voz baja, como si me hubieran mordido.
No paró.
Alternaba: izquierda, derecha, izquierda, derecha, un ritmo constante, cada golpe más fuerte que el anterior.
Me ardía el trasero, la piel hormigueaba, el calor irradiaba hasta mi coño.
Cada golpe me impulsaba hacia adelante, mi clítoris rozando la áspera tela vaquera de sus pantalones.
Estaba empapada,