134. Tan jodidamente mojado
PUNTO DE VISTA DE SIENNA
Aquella noche, al salir de la casa parroquial, apenas podía caminar.
Mis dos orificios seguían palpitando, goteando ríos espesos de su semen por mis muslos bajo el fino vestido de verano. Cada paso me los hacía sentir: la tensión, la plenitud, la forma en que me habían arruinado por completo.
Pero no podía alejarme.
La noche siguiente, justo después de las tres de la madrugada, me encontré volviendo sigilosamente a las escaleras de la iglesia bajo la luna llena. Todo el