De regreso en la hacienda de los Valladolid, Valeria parecía un poco nerviosa. Sabía perfectamente que había dado órdenes claras de que quería que su hijo Zein viera a su esposa como una loca pero la verdad es que tenía miedo que el doctor fuera a fallar y todos sus planes se fueran por la borda.
En ese momento su celular sonó. Debía de ser su hombre de confianza, ¿quién más?
—Mi señora, soy yo, Tomás.
— ¿Qué es lo que quieres? ¿Ya hiciste lo que te encargué?
—Justamente en este momento voy en