—Por favor, entra—. Zein le dijo a la mujer del vestido ajustado, quien le hizo una reverencia como forma de decirle “gracias”.
Aunque Amelia se sentía nerviosa y con la necesidad de salir corriendo, temiendo a su propio hijo, Amelia sonrió. En la cama del hospital estaba su pequeño hijo. Parecía un ángel que estaba durmiendo, al que no le importaba el mundo, al que no le importaba nada porque simplemente no se preocupaba por nada ni nadie. Y frente a él, mirándolo mientras dormía, estaba su pr