—Antonio Valladolid, que placer tenerte aquí—. Amelia saludó al hombre que parecía tan nervioso y ansioso por hablar con ella.
No hace falta decir que el hombre no parecía haber cambiado, ni siquiera un poquito. Era el mismo perdedor, el mismo hombre estúpido que no podía proteger a la mujer que decía amar muchas veces. Y ahora quería tener una segunda oportunidad cuando la verdad es que no siempre hay una segunda oportunidad. No hubo una segunda oportunidad para Elena, ¿por qué debería haber u