Sonriente, Amelia recordó aquellos días en los que no tenía las fuerzas que ya tenía gracias a Alicia y Marcos, quienes habían aparecido en su vida para cambiar su mundo. En ese momento nunca esperó que su vida fuera a cambiar tanto, y nunca imaginó que sería su suegra la que pondría su mundo patas arriba.
Nada había cambiado en esa casa. Valeria seguía siendo la gran dama, la gran señora Valladolid, alguien a quien todos respetaban y admiraban, en cierto modo.
De repente, un cuadro a su lado i