Llorando en el regazo de Alicia, Amelia no pudo estabilizarse. Había sido demasiado para ella. Nunca pensó que esa noche iba a ser la primera vez que vería a su hijo después de nunca haberlo tenido en sus brazos. Y una vez más, Alicia estaba allí para consolarla, para hacerla fuerte y recordarle la razón por la que tenía que quedarse allí, donde el infierno acababa de comenzar para sus enemigos.
—Si tan solo lo hubieras visto, Alicia, si tan solo hubiera tenido la oportunidad de tenerlo aquí, e