Pasando su mano por su rostro como si pudiera cambiar el presente o lo que estaba viendo, o simplemente obligarlo a despertar de esa pesadilla, Zein bebió de su copa de vino. No podía concentrarse en nada. Seguía viendo a Erika frente a él. Y ahora, mirando a la mujer que estaba a 10 o 12 metros de él, sonriendo y compartiendo con la gente que había llegado a su Hacienda, se veía tan diferente a la mujer que él tenía en mente y en su corazón, pero que había traicionado en de la peor manera posi