Pero ahora, uno de los cuatro ya estaba fuera de combate, y además, el oponente no estaba solo. Léster seguía observando todo con atención desde un lado, y en cuanto la pelea comenzara de verdad, no iba a quedarse de brazos cruzados.
En ese momento, sus posibilidades de ganar eran casi nulas, los cuatro tendrían que morir allí. Así que lo único que podían hacer era huir. Cuanto más rápido mejor, y lo ideal sería separarse y correr en direcciones diferentes. Ellos eran tres y el enemigo solo dos