Quiriaco asintió con la cabeza. Tal como había dicho Balduino, ya no había vuelta atrás, así que lo mejor era aceptar la situación. Quiriaco suspiró levemente y, de repente, una idea cruzó su mente. Sin pensarlo, levantó la cabeza y, con voz distante, dijo:
—¡Es muy probable que Fane también se inscriba para pelear en el campo de Támide!
Al escuchar eso, Quiriaco sintió una mala corazonada, su corazón dio un par de saltos intensos. Balduino levantó una ceja y se quedó pensando en las palabras d