Con el evidente cansancio de la situación, él ya había notado que algo no estaba bien, pero, lamentablemente, solo uno o dos de los que lo rodeaban escuchaban sus advertencias.
El hombre de cara cuadrada, en ese momento, solo pensaba en cómo dominar en el campo de Támide, matando a cien esclavos demoníacos de armadura verde, obteniendo enormes recompensas y cambiándolas por materiales valiosos para mejorar aún más su propia fuerza.
Cuando el mundo de las Maravillas se cerraba y él regresara a s