La serpiente de tres cabezas, con sus pupilas verticales, miraba fijamente al diminuto ser humano que había aparecido frente a él.
A pesar de su apariencia, la serpiente aún conservaba algo de inteligencia. La serpiente poseía una habilidad especial: sus tres pares de ojos, que brillaban con un resplandor plateado, podían atravesar el cuerpo humano y ver su edad ósea.
Con su mirada indiferente, observó a todos los presentes, y sus edades óseas quedaron claras ante él. Eran humanos comunes, tod