Como era de esperar, las reglas de supervisión del salón de Captura eran justas e imparciales, ¡no dejaban escapar ni un solo detalle!
Hipólito estaba tan furioso que apenas podía respirar con normalidad. Quería soltarle un buen regaño a ese tipo, pero no encontraba las palabras. Al final, los demás parecían haber creído a Fane, ¡pero Hipólito seguía queriendo refutarlo!
En ese momento, una mano firme se posó sobre su hombro, dándole un par de suaves palmadas. Hipólito giró la cabeza y vio a Do