La actitud de ese joven solo podía explicarse de dos maneras: o estaba completamente loco, o tenía una confianza desmedida en sí mismo, pensando que con sus habilidades podía vencer a todos.
Al llegar a esa conclusión, Quintiliano soltó una risa sarcástica. En ese momento, solo tenía un pensamiento en mente: derrotar a ese joven con todo su poder, dejarlo derrotado arrodillando en el suelo, y demostrarle lo ridículos que eran sus pensamientos. Y, claramente, no era el único que pensaba así.
Canu