Quintiliano, apretando los dientes, le dijo:
—¿Qué tontería estás diciendo? ¿Por qué no deberíamos estar furiosos? ¡No hace falta que lo expliques! ¡Eliminaste a nuestros compañeros y usaste métodos crueles para obligarlos a confesar! ¿De verdad crees que te dejaremos ir con facilidad?
Fane dejó escapar una sonrisa y miró a Quintiliano con miradas heladas:
—Es su merecido castigo. No deberían estar tan furiosos.
El rostro de Quintiliano se tornó rojo de la ira mientras apretaba los dientes y lo