A lo largo de su camino, Jerónimo había superado a innumerables genios que cayeron ante él, hasta convertirse en un discípulo heredero. Fue enviado por la secta al mundo de las Maravillas, y aún recordaba las palabras solemnes que le había dirigido su maestro antes de partir.
El maestro le advirtió que no debía ser imprudente en ciertos momentos. Aunque oportunidades y peligros coexistían, debía ser consciente de sus propias limitaciones. Le recordó que lo más importante era su vida y que debía