Las palabras de Fane eran como agujas, clavándose profundamente en el corazón de Pacomio. El joven lo veía claramente como una presa segura. Pacomio respiró hondo y le dijo en voz alta:
—¡Déjame ir! Olvidemos lo que pasó y haz lo que quieras con los demás. Si insistes en enfrentarte a mí, seguro que pagarás un precio. No creas que…
Antes de que pudiera terminar la frase, Fane desapareció de repente. Pacomio, sorprendido, notó que algo andaba mal. Desesperadamente intentó levantarse para escapar,