Además, Pacomio nunca había considerado a los guerreros del mundo de tercer nivel como seres humanos. Para él, eran simplemente corderos destinados a ser sacrificados. Si estos corderos se atrevían a resistirse, lo veía como el mayor de los insultos.
Utilizaba los métodos más crueles para castigar a aquellos que intentaban rebelarse contra él, haciéndolos arrepentirse de su resistencia. Le encantaba ver en los rostros de sus oponentes el miedo, la ansiedad y el dolor hasta el tuétano; cuanto má