Se apresuraron a lanzar halagos como si no costaran nada:
—¡El hermano mayor es sabio y generoso! Tener la oportunidad de seguirlo en esta misión es nuestra suerte.
—¡Gracias por tu generosidad, hermano mayor! A partir de ahora, estaríamos a toda su disposición. Seguiremos los ordenes del hermano Soto sin duda ninguna.
Los elogios llovían a raudales, y Herodes se sentía muy complacido. En realidad, él no era tan generoso; deseaba quedarse con todas las llaves. Sin embargo, sabía bien que si hac