—Jaja…
De repente, Herodes soltó una risa. Su mirada recorría a Celestino de arriba abajo, como si estuviera observando a un tonto de verdad. ¿Qué había dicho ese joven? ¿Que iba a salvar a Zagon? ¿Acaso pensaba que podía cambiar el rumbo de la batalla por sí solo? Tal idea era absurdamente ridícula.
Los discípulos del mundo de segundo nivel que estaban junto a Herodes también estallaron en risas, algunos riéndose tanto que casi se caían. Herodes, con una sonrisa burlona, dijo:
—¡Estúpido! ¿Cóm