Tristán lo afirmó con fuerza, con la sonrisa casi llegando a sus orejas. En ese momento, un sonido repentino y estridente llegó a sus oídos, como si algo estuviera atravesando con rapidez las hojas de los árboles, causando una fricción acelerada.
Ambos se quedaron sorprendidos. Una chispa de emoción cruzó por los ojos de Jacobo. No podía creer que la diosa de la fortuna lo acompañara tanto. Apenas habían salido y ya se encontraban con una bestia espiritual. No importaba cuántas aparecieran, toda