Nino frunció el ceño al escuchar los halagos desmedidos y mal dirigidos, maldiciendo en su interior a ese adulador. Se sentía aún más incómodo y sin saber qué decir. Para evitar también ser objeto de esa incomodidad, Quique intervino.
—Realmente no ayudamos en nada. Esos seis hombres murieron todos a manos del hermano Woods. La fuerza de él es extraordinaria; esos tipos no eran rivales para él.
Con estas palabras, la cueva se sumió en un silencio. Muchos abrieron la boca sorprendidos y dirigiero