Iker se alarmó de inmediato. Estaba más cerca de Bruno y podía ver con mayor claridad. En ese momento, aunque Bruno tenía los ojos abiertos, sus pupilas estaban dilatadas y parecía haber perdido la conciencia. Tenía la boca abierta de par en par, emitiendo gruñidos incomprensibles, su cuerpo convulsionaba sin control, mostrando signos de un dolor extremo.
Iker se puso pálido de terror. No podía creer que todo eso fuera real, pero no le quedaba más remedio que aceptarlo, porque al pellizcarse, si