Ahora, en la mente de Bruno, solo había un deseo: que Fane muriera, y debía ser una muerte extremadamente desgarradora. Incluso había comenzado a planificar mentalmente cómo torturarlo. Pero justo cuando levantaba la espada en su mano, Fane de repente lo detuvo.
—¡Espera!
Bruno arqueó una ceja, haciendo un pequeño resoplido.
—¿Qué sucede? ¿Tienes miedo? Lamentablemente, ya es demasiado tarde para arrepentirse. Acabas de aceptar enfrentarte a nosotros dos. Desde el momento en que aceptaste, las