Adrián entrecerró los ojos: —Parece que te consideras muy importante. Originalmente no tenías la calificación para desafiarme, pero yo tengo un corazón compasivo y siento lástima por los tontos que tienen algo mal en la cabeza. Eres como un pato salvaje que nunca ha visto el cielo exterior, sin saber lo alto que es el cielo ni lo profundo que es la tierra. Por compasión, quiero ampliar tus horizontes. Pero déjame decirte de antemano, no llores después de perder.
Esas palabras cayeron sobre Renzo