Ese tipo de dolor lo volvía loco. Había experimentado todo tipo de heridas, grandes y pequeñas, pero nunca antes había sentido un dolor tan insoportable como el de hoy. Era como si lo hubieran arrojado a una olla de aceite hirviendo, una y otra vez.
—¡¿Qué tipo de fuerza es esta?! ¡¿Por qué puede desgarrar mi alma?! ¡Quítamelo ya! ¡Rápido, quítamelo!
En ese momento, Tadeo ya estaba un poco fuera de sí. El intenso dolor lo hizo olvidar su anterior arrogancia, olvidó cómo solía fanfarronear.
Había