Santiago no consideraba que su acción fuera incorrecta. Después de todo, las bestias demoníacas y los humanos eran enemigos naturales que siempre habían estado en conflicto.
Ciro frunció el ceño y preguntó:
—¿Creen que el lobo helado de ojo único se ha ido?
Esta pregunta hizo que el ambiente, que antes estaba animado, se calmara de inmediato. Nadie pudo responder la pregunta de Ciro, y pasaron unos momentos de silencio sin que nadie dijera nada.
Ante el silencio, Ciro decidió hablar por sí mism