"¡¿Cómo te atreves a humillarme una y otra vez cuando no te he mostrado nada más que amabilidad?!”, gritó Wesley.
Fane miró con frialdad al hombre de ojos triangulares y a Wesley. "¡Eres tú quien sigue humillándome! Y hay una cosa que deberías entender bien, ¡es que yo te iba a ignorar pero tú te sirves en bandeja para que yo te humille! ¡Las cosas no tendrían que ser así si no me hubieras obligado a darte la habitación que gané aquel día!".
Fane estaba en racha. Él estaba diciendo la verdad,