Rebeka y Diego regresaron a la casa, Diego puso la cava en el suelo y se besaron con toda la pasión que sentían, felices de compartir su amor sin importar las condiciones, la ropa cayó al suelo rápidamente y una vez más se acoplaron en ese sillón al que ya conocían la manera de hacerlo funcionar para ambos estar cómodos, pero en ese instante la cerradura de la puerta sonó y ambos se miraron sorprendidos, no era ninguno de los dos el que llegaba, era alguien que tenía llave y estaba a punto d