Mi madre se levantó de la otra silla en la que estaba sentada, puso su mano en mi hombro y comenzó su aparente charla de ánimo.
—Mili, te voy a decir algo y espero que no te enojes conmigo.
Levanté una ceja sorprendida por sus palabras. Era extraño que mi madre me hablara así y más con esa cara seria cuando no lo era en absoluto.
—No te preocupes mami, dime lo que tengas que decirme, estás en tu derecho y supongo que es más un consejo que un comentario.
Ella asintió y se sentó a mi lado.
—