—¡Nunca tuviste una correa, ni tú ni ninguna de las mujeres que estuvo conmigo!
La rabia me carcomía, realmente quería irme y dejarlo allí con todos sus problemas, con su hijo, con sus recuerdos de ella y devolverme a dónde había estado en un inicio… en mí casa con mi padres y haciendo lo que más me gustaba.
Enseñar…
—Quiero irme, ábreme la puerta —dicte enojada.
—No iras a ningún lado, Mili. —suspiro y el fastidió en él se hizo evidente—. Hablemos de lo que esta sucediendo, esto no es al