Cásate conmigo, te juro que cambie
Johana camino a paso veloz hasta donde se encontraban su esposo y Gerald bebiendo unos tragos brindando por lo linda que era la vida y todo aquello que no habían podido brindar en lo que se llevaban conociendo por diversos motivos.
—¿Podemos irnos? —pregunto la mujer con molestia al ver la mirada asesina de Gerald buscando cualquier excusa para hacerla enojar y sacar sus verdaderas uñas—. Estoy cansada y de verdad mañana tenemos algunas clases.
—¿Clases? ¡