Capítulo 25. Entre el cielo y la tierra no hay nada oculto.
Simón sintió su rabia recorrer su columna ante las palabras de Marga. «Me han engañado como a un tonto» pensó furioso, «Están locas, ambas, no hay otra forma de llamarlas» pensó iracundo.
―Marga, ¿Qué demonios hiciste? ―pregunto Meredith horrorizada.
―Nosotros nos vamos de aquí, esta gente no es más que basura ―dijo Richard levantándose del asiento y tomando a su esposa de la mano. ―Roy, Mandy. ¡Nos vamos!
―Con mucho gusto, padre ―respondió Roy con una sonrisa burlona.
Mientras tanto Simón giró