CAPITULO 22. REGRESOS Y REENCUENTROS
—¿Y bien?... —exigió Enrique— No te atrevas a mentirme jovencita, que seré viejo pero no estoy ciego, ni soy estúpido.
La voz furiosa de su abuelo la puso nerviosa.
—Ehm si, —le respondió mirando los pasos en medio del vals— ¿cómo te enteraste?
Su abuelo soltó una risotada ante la cara de Samantha.
—¡Abue! Me asustaste, pensé que estabas molesto —le reclamó.
—No… —dijo Enrique— pero no podía perderme la oportunidad de gastarte una broma. ¡Debiste haber visto tu cara!
Enrique estalló en carcajad