El nido de víboras
El área de neonatología del hospital Blackwood estaba sumida en una calma irreal. El suave murmullo de las máquinas de soporte vital era el único acompañante de Alexander mientras caminaba hacia la cuna 04. Allí estaba Julieta, su prima y confidente, sosteniendo al pequeño bulto envuelto en mantas de algodón azul.
Al ver entrar a Alexander, Julieta le dedicó una sonrisa cargada de ternura, pero sus ojos, agudos y profesionales, detectaron de inmediato el rastro de la tormenta