El refugio de las sombras
La ciudad a la que habían llegado era un enclave costero, lo suficientemente alejado de la metrópolis para pasar desapercibidos, pero lo suficientemente próspero para que una familia de clase baja no llamara demasiado la atención. El aire allí olía a salitre y a una libertad que, para Elena, se sentía como un bálsamo sobre una herida abierta.
El auto se detuvo frente a una propiedad imponente. Era una casa de estilo colonial, con muros blancos y techos de teja, rodeada