La corona de la reina curvy
Alexander caminaba por el pasillo de la clínica con una seguridad que hacía que las personas se apartaran a su paso. A su lado, Julieta caminaba con ligereza, riendo de algún comentario ingenioso que él había hecho. Elena, sentada en la mesa del cafetín, sintió que la sangre le hervía. Verlos tan cerca, tan compenetrados, era como una tortura lenta.
Al llegar frente al cafetín, Julieta se detuvo para despedirse. Con una naturalidad que a Elena le pareció un insulto,