—Disculpa, Julieta... pero no quiero hablar de mis sentimientos hacia Elena contigo —sentenció él, dándole la espalda.
Aquellas palabras fueron como una estocada directa al orgullo de Julieta. Tragó grueso, sintiendo un nudo ardiente en la garganta. Por un segundo, sintió unas ganas inmensas de llorar, de salir corriendo de esa oficina destrozada y no volver a ver a Taylor jamás. Pero su orgullo de mujer herida fue más fuerte; no podía permitirse demostrarle que, a pesar del tiempo y del despre