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— Es un gusto verla tan recuperada, doctora Greco

El Conde apareció en el amplio espacio que era el comedor, la vajilla relucía a través de la alacena, el sol de la mañana se colaba por las ventanas cuyas cortinas de una tela tan suave como el pelaje de un oso de peluche estaban levantadas. En el Comedor, Victoria Greco estaba terminando el desayuno; se le veía mejor, la palidez de su rostro se había ido para dar paso a su color habitual: un tono sonrosado y terso.

— Espero qu

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