Se levantó y los dos se despidieron con un apretón de manos y una mirada penetrante de él hacia ella. El comisario se quedó en su sala oliendo su propia mano mientras el escribano sonreía discretamente de su cara y pedía entrar.
- ¿Puedo entrar ahora?
- ¡Si deshaces esa estúpida sonrisa, sí, entra!
- Sin duda es una mujer hermosa.
- ¿Linda? - El comisario sonrió. - Linda no es la palabra ideal para definir a Elizabeth.
- ¿Y cuál sería delegado?
- Sublime, ella es una mujer sublime.
Elizabeth
La