EL SILLON OREJERO
Ana le sirvió el té y un pedazo de bizcocho y le miró de hito en hito, recelosa. Sabía que Ramón estaba en otro lugar muy lejos de allí, y que solo si él consideraba bueno acudir, iría a Oviedo a ver la tumba de sus padres. En las películas todo terminaba bien –pensó Ramón-, en la vida real las cosas siempre son más difíciles y en ocasiones como esta, acaban mal…visionaba la lápida de su padre y la de su madre juntas y sonrió para sí, pues nunca estuvieron juntos emocionalment